En el año de 1997 cuando viajé al Sur de América por
primera vez, percibí el respeto que por la vida tiene el habitante
andino.
En el año 2000 decido no trabajar más como solista.
Se relaciona con la actividad de los títeres la educadora Rosario Bello
Padilla, a quien seduzco desde la actividad artística para que fusionemos
y combinemos arte, educación y vida.
Es mágico como es lo andino, lo colectivo, lo compartido, lo ancestral;
es el pensamiento que se diferencia de la globalización; América
abandona el odio y se hace respetar como comunidad tercermundista que está
cansada del enajenamiento de los “poderosos”, “desarrollados”,
“civilizados”, “tecnificados”, “industrializados”
y “capitalistas”.
Solamente cuando se encuentra uno en la cúspide del monumental Machu-Pichu,
entiende que en algún momento nuestros tatarabuelos tomaron por un
atajo del Camino y abandonaron la sabiduría de la
acumulación colectiva por la individual. Esto conllevó a una
desarmonía con lo natural.
Hoy quiere el mundo que repitamos los mismos discursos de sus corrompidos
derechos humanos para podernos torturar.
En nuestra cosmogonía por ejemplo el ser humano no puede ir contra-natura
y eliminar un elemento que la misma naturaleza ha puesto encima de ella como
es el arbusto de la coca. Es otra esquizofrenia del “hombre civilizado”.
Siendo tan civilizado ¿por qué no controla, lo que él
mismo hace, como son los insumos químicos necesarios para poder producir
la “cocaína”?
Tenemos derecho a la no violencia. A sentir que en el “otro” también
estamos nosotros.
Que somos afectuosos y comunitarios por inherencia.
Que no queremos que nuestros gobernantes compren armas; para qué? Para
matar al hermano? Es estúpido.
En Machu-Pichu entendimos que lo único que vale la pena en vida, es
la armonía que incluye al prójimo y si ello implica renunciar
al dinero plástico para volver al trueque, denunciar que la luz eléctrica
nos iluminó la casa y nos oscureció el firmamento, que el amor
se nos volvió un conflicto de intereses y no una entrega total, que
somos distintos, que tenemos derecho a serlo, que el dialogo es una alternativa
real frente a la violencia, que la tierra no es de nadie, que el sol sale
para todos y que el agua de América no se la pueden apropiar los industrializados
del mundo… tendremos que hacerle una iniciación chamánica
al resto de la humanidad, para que no solamente entienda sino que también
respete.
Aún así podrán globalizarnos inocentemente; incapaces
serán para borrar de nuestra memoria genética la concepción
natural del universo que hemos heredado de la sabiduría de nuestros
antepasados.
Desde América, desde aquí, desde hoy, desde el arte, construimos
un futuro sin opresión y avasallamientos.
Construir un futuro afectuoso, cálido, cariñoso, solidario,
sensible y colectivo, hace parte de nuestro oficio de vivir.





