Saber
que la humanidad nació con la prohibición, la obediencia, el castigo
y los premios merecidos y con la muerte ocasional celebrada por otro ser humano,
es triste. Ahí pierde todo sentido la existencia.
De allí que cualquier cambio social que requiera
llamar a la muerte como testiga siempre será de dudoso cambio.
Teatro
de Muñecos
Una Carta