Soy consciente que después de haber aprobado
la primaria por el nuevo sistema de promoción automática, me
hubiera gustado realizar un curso con la profesora idealizada.
Estoy plenamente seguro que la profesora idealizada con su presencia hubiera
logrado lo que no pudo el profesor de matemáticas: Que le hiciera bien
las tareas en la casa.
Pero... se hubiera atrevido ella a colocarme tareas para la casa ? Pienso
que no. No es de las profesoras que le quitan a uno el tiempo de su individualidad
para dedicárselo a su curso.
Eso era lo que más me gustaba de la profesora
catedrática de "Perfección Del Pensamiento Puro" y
"Estética Del Pensamiento Para La Felicidad" era imposible
que ella no me hubiera permitido soñar y fantasear con el pensamiento.
Prontamente me hubiera reiterado aquello de mirar y no tocar, me hubiera enseñado
a percibir y no hacerme el loco, a conmoverme y no gritar, a hablar pasito
sin enamorarme, a caminar con ella por el corredor del colegio y creer que
la acompañaba hasta la casa, a mirar sus ojos y creer que me extasiaba
con el universo, a sentirla respirar cerquita y aceptar que el planeta tierra
no es de lo más estable, a darme cuenta que cuando no usa su perfume
marca registrada y pasa junto a mí, me llega al olfato un olor a eternidad...
y me hubiera enseñado a percibir que el silencio que se escucha en
medio del mundanal ruido no es más que su pensamiento que recuerda
al alumno hipotético que le hace bien la tarea en clase, porque para
la casa, ella, no se atreve a colocar tareas.