La calidad
de "persona" declina en favor del "personaje" cuando aquella
subvierte la cotidianidad con sus comportamientos y hábitos y se constituye
en patrimonio público, a veces universal.
Manuelucho
Sepúlveda, la mera astilla remediana no escapa a tales características.
El testimonio de Sergio Londoño-Hijo confirma nuestra sospecha de que
realmente existió un "Manuelucho" como hombre de carne y
hueso. Como creación teatral fue un hijo expósito sin ascendencia
ni descendencia conocidas y que creció al amparo de una pareja de negros
y que provocó en Remedios los más pavorosos escándalos
que nadie, ni siquiera el clero o los más prestantes de la población,
pudieron eludir.
Los diez actos
que componen el transcurso de Manuelucho son la recensión recreada
de la vida. Manuelucho es el eje humano de una historia que se nutre de la
realidad para celebrar una verdad que se nos impone sin esfuerzo, incluso
a los más fanáticos defensores de una moral, unas creencias
o una ideología.
La realidad
de finales o principios de siglo dependía económicamente de
los recursos provenientes de la agricultura y el comercio. Adicionalmente,
la cultura se vivía a partir de los vínculos que la gente establecía
con la tierra: eran costumbres campesinas celosamente vigiladas por el poder
omnipresente de la iglesia.
El
amor deambula afianzado en el machismo, donde ser "guapo", aguardientero
y mujeriego, hacen parte sustancial de la coquetería y la conquista
y del prestigio ineludible para acceder a las mujeres. Suscitar el miedo,
mediante intrépidas valentías concede pre-eminencia y respeto,
condiciones fundamentales del "guapo" para sustentar sus fechorías.
El marco social y moral del amor de MANUELUCHO, no discrimina estratos ni
condiciones: las hijas de los prestantes caen en sus argucias con igual candidez
que las beatas. Del mismo modo Cunsia, tan fea como las apariciones de su
conciencia y de sus guayabos, es sin embargo una prestante contrabandista
de aguardiente, razón de peso para buscar su compañia. Como
hijo de nadie Manuelucho busca del amor los instantes y ofrece la alegría
como única recompensa. Son más peligrosas las relaciones que
establece con él mismo que con los demás. Con él mismo,
la conciencia de su soledad se encarna en horrorosas apariciones. Con los
demás encuentra la oportunidad de ejercitar su malicia y complacer
sus intenciones.
Es curioso
pensar y desentrañar las complicidades y vínculos vitales del
autor- Sergio Londoño- con su creación, el muñeco Manuelucho
y sus otros personajes, en ninguno de los cuales se devela la personalidad
de Sergio. Los testimonios verifican la rectitud moral y religiosa de Sergio,
como también su honestidad y su responsabilidad frente a la familia
y los amigos. No era tomador, era hogareño. Pero además "conservador",
contrario al partido "liberal" que pregona pública y escandalosamente
Manuelucho. Contrariamente a cualquier supuesto, este hecho nunca le ocasionó
problemas con las mayorías conservadoras de Manizales ni con el Clero.
En la realidad, fueron muchos y fuertes los vínculos de Sergio con
los curas, pues en muchas ocasiones llevó su espectáculo al
seminario que los Agustinos regentaban en La Linda. De otro lado, los vínculos
con la sociedad manizalena le permitieron armar su teatrino en los salones
del Club Manizales para contribuir con la causa de una de las princesas de
las fiestas estudiantiles.






"La crítica es fácil pero el arte no". Se lee en el frontis del teatrino de Sergio Londoño.


Varios "Manueluchos". Según el capítulo o acción a representar.

